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lunes, 23 de junio de 2014
“VOLVERTE A VER”
Los tesoros más grandes en tu vida son los recuerdos, porque jamás se podrán robar y jamás se podrán enterar, En nuestro Perú más del 60% de esos tesoros naturales están ocultos por el difícil acceso y la falta de determinación, la decisión está en nosotros, como un gallo rojo cantemos al amanecer del nuevo comienzo.
Por Eduardo
Tomas Mamani Chuquitarqui
Correo Electrónico:Eduardotomas.mamanichuquitarqui@hotmail.com
El
pasado domingo 18 de mayo Eduardo
Tomas Mamani Chuquitarqui visito uno de los lugares más hermosos que en su vida pude contemplar, esos lugares que te marcan la vida, un lugar mágico lleno de naturaleza, vida y esplendor. Ese lugar mágico se encuentra en uno de las ciudades más naturales que existen en el Perú, me refiero al tradicional pueblo de Saywa, este pueblo agricultor de extraordinarias cuencas de agua, es un bello rincón de cielo.
En
la actualidad por los avances demográficos y de desarrollo, ese pequeño pueblo
se ha transformado en una de las maravillas naturales más significativas en el
Perú al igual que Pomacanchi.
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| Puert |
Todo
comenzó un mes después de su ingreso a la Universidad, las huelgas dejaron
grandes temporales de tiempo libre. Así inicio el viaje, aproximadamente duro 9
horas, el primer lugar al cual llegamos fue Sicuani, debido al mal tiempo que
por ese entonces se vivía, la espera no fue tan larga. En horas de la noche
llegamos a Pomacanchi, el paisaje era hermoso, cientos de árboles de eucalipto adornaban
las montañas. En cierto sentido era tan calmado y pacifico que daba ganas de
vivir allí. Nos hospedamos en casa de mi tía, esperando el amanecer para
retomar el camino a Saywa.
Al
día un hecho casi arruino el viaje, en el camino a San José, por acción de la
lluvia casi se desbarranca el transporte que estábamos usando. Decidimos bajar
y emprender la marcha a pie, 8 horas demoro la llegada a nuestro destino. A dos
horas antes de la llegada a nuestro destino una nueva lluvia torrencial nos
hizo ocultar en una cueva, los fuertes rayos y truenos marcaban su presencia a
cada retumbante sonido.
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| Plaza de Saywa foto del Señor Tomas Mamani Pari |
Al
término de esa gran tormenta al fin pudimos divisar nuestro destino, era
increíble un pequeño poblado en medio de una montaña, las tantas horas de camino
y esfuerzo habían brindado frutos, era tan gratificante algo que jamás
olvidare. Las casas rusticas y los maizales hasta donde la vista alcanzaba, la
emoción era inmensa. Lo primero que pude divisar fue el enorme árbol de 300
años de vida al frente de la iglesia.
La
iglesia ubicada en el centro data de 1667, su apariencia pobre hace pensar que
es algo insignificante, tiempo después me entere que dentro de esta iglesia
había incontable material de arte cusqueño y piezas de mucho valor.
Al
caer la noche tuvimos que hospedarnos en casa de mi abuelo, el hace mucho
tiempo había fallecido. Fue nostálgico sobre todo para mi padre, a las 8 horas
del día nos dispusimos a regresar. Antes de perder la vista el pueblo fuimos a
visitar el cementerio y presentar respetos a mi abuelo.
Ya
en la cima de la montaña para el camino de vuelta con nostalgia vimos por
última vez ese pequeño rincón de cielo, desde unas ruinas de alguna cultura que
por lo lejano de su ubicación nadie sabe a quién pertenecerá.
EN LA ACTUALIDAD
Hace
un par de meses mientras buscaba por internet imágenes de paisajes para mis
clases de Diseño Gráfico descubrí con asombro el pequeño pero majestuoso lugar
que visite. El pueblo de Saywa ubicado a orillas del rio Apurímac en la provincia
de Pomacanchi que hace pocos años había sido reconocido como capital eco
turística del Cusco.
Enterados
de esto coordine con mi padre para viajar nuevamente desafortunadamente él no
podía realizar el viaje. Pero estaba decidido a ver cómo había cambiado, esta
vez el viaje fue directo no hubo paradas, Al llegar la tenue oscuridad rodeaba
la ciudad, me hospede en un hostal debido a que mi tía no se encontraba en casa
en ese momento.
A
la mañana siguiente me dispuse a visitar el lago, era un pacífico lugar no se
podía hallar ni un solo vestigio de tecnología, aunque en la ciudad todo se
había urbanizado era un cambio de 360° un interesante equilibrio entre
naturaleza y desarrollo.
Espero
un día para emprender el camino hacia Saywa extrañamente todo había cambiado,
esta vez decidí ir a pie hasta el poblado pero, el camino había sido remodelado
así que hubo un cambio de planes y tome un medio de transporte. En una
motocicleta llegue en menos de 2 horas a mi destino, afortunadamente tuve la
suerte de poder registrar con más calma los hermosos paisajes camino a Saywa,
en el camino me topé con una enorme construcción de redes de agua que conectaba
Saywa con otros lugares.
Esta
vez la lluvia no me dio la recibida, llegue sin contratiempos a mi destino, era
grato volver a ese lindo lugar, ahora más cuidado y remodelado.
La
sorpresa vino después, la iglesia estaba abierta, era una oportunidad única de
contemplar con mis ojos el interior de este enigmático lugar que en mi primera
visita no tuve la oportunidad de ver.
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| Pueblo de Saywa al lado del Río Apurimac |
No
pude evitar la sorpresa y la emoción, dentro de esta pequeña iglesia había un
precioso órgano de agua, uno de los
pocos existentes en Latinoamérica, los cuadros alrededor de toda la iglesia
eran de épocas antiguas, me entere después que muchas veces la iglesia había
sido víctima de robo por saqueadores y delincuentes, aun así habían muchas
piezas, debido a la organización de la población que tenían guardados en sus
hogares cientos de reliquias que cada vez que se ofrece una misa o un evento
son devueltas para gala de la iglesia.
Al
regresar mientras me encontraba en el bus recordé todo los hechos que viví en
ambos viajes en el primero con mi padre y su alegría de contarme sus orígenes y
la segunda la que yo mismo busque, en ese entonces una satisfacción cálida y un
enorme orgullo lleno todo mi ser, la alegría quedo inscrito en mi mente con
cada uno de los recuerdos, las vivencias y las enseñanzas de que significaron
el conocer estos bellos lugares. Ya en Arequipa en compañía de mis padres conté
mi gran aventura y mostré todo lo nuevo que había visto.
Al
recordar una vez más mi aventura entendí la gran importancia y la necesidad de
conservar y valorar mi pasado, las reliquias, el legado que ellos habían dejado
en mí, me identifique con mis orígenes y nació realmente el orgullo de ser
peruano y de poder ver tantas cosas, tan bellas y maravillosas que existen en
nuestro Perú que son de tan fácil acceso y que deberíamos de aprovecharlos al
máximo, cultivando la identidad nacional de nuestra tierra.


